Para los que “creen en Dios pero no en la Iglesia”

Es muy común escuchar “yo creo en Dios pero no creo en su Iglesia”. Muchas veces no sabemos qué contestar a esto. Es posible que el que lo diga no tenga claro el qué es la Iglesia. Todos los bautizados formamos la Iglesia. Si dices esto, no estarán de acuerdo y te dirán que “no se refieren a eso, se refieren al Papa sentado en su silla de oro…”. Cuando yo escucho eso, insisto: “Yo soy Iglesia; y tú también”.

El Papa Francisco nos ha explicado lo que significa pertenecer a la Iglesia y merece la pena escucharle:

No estamos solos y no somos cristianos a título individual, cada uno por su cuenta. Nuestra identidad cristiana es pertenencia. Somos cristianos porque nosotros pertenecemos a la Iglesia. Es como un apellido: si el nombre es ‘soy cristiano’ el apellido es ‘pertenezco a la Iglesia’. Es muy bonito darse cuenta cómo esta pertenencia sea expresada también en el nombre que Dios se atribuye a sí mismo.
Dios ha querido formar un pueblo que lleve su bendición a todos los pueblos de la Tierra. En Jesucristo, lo establece como signo e instrumento de unión de los hombres con Dios y entre ellos. De ahí la importancia de pertenecer a este pueblo.
Nosotros no somos cristianos a título individual, cada uno por su cuenta. Nuestra identidad es pertenencia. Decir «soy cristiano» equivale a decir: «Pertenezco a la Iglesia». Soy de ese pueblo con el que Dios estableció desde antiguo una alianza, a la que siempre es fiel. De aquí nuestra gratitud a los que nos han precedido y acogido en la Iglesia, quienes nos han transmitido la fe, enseñado a rezar y pedido para nosotros el Bautismo.
Nadie se hace cristiano por sí mismo. La Iglesia es una gran familia, que nos acoge y nos enseña a vivir como creyentes y discípulos del Señor. Y no sólo somos cristianos gracias a otros, sino que únicamente podemos serlo junto con otros.
En la Iglesia nadie va «por libre». Quien dice creer en Dios pero no en la Iglesia, tener una relación directa con Cristo fuera de ella, cae en una dicotomía absurda. Dios ha confiado su mensaje salvador a personas humanas, a testigos, y se nos da a conocer en nuestros hermanos y hermanas.
Recuerden que, como cristianos, no podemos prescindir de los demás, de la Iglesia; no podemos salvarnos por nosotros solos.
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Fuente: Rome Reports TV, Vatican.va

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