No todos los días se celebran 25 años. Yo lo hice esta semana. Por ello, quiero compartir una rara reflexión sobre mi generación para poder leerla cuando, si Dios quiere, pasen unos años.
Suena serio lo de cumplir un cuarto de siglo. A mí se me ha pasado volado. Todos coinciden en que desde ahora todo será más rápido. Supongo que tendrán razón, pero hay muchas cosas que mi generación las está viviendo de manera diferente. Hoy la vida son dos días y uno la pasamos whatsappeando.
Nos llaman la Generación Y o Millennials. Menores de 30 años, egocéntricos, muy listos (listillos) y preparados académicamente que nacimos bajo el paraguas de la prosperidad económica y nos hemos estrellado con la crisis. Dicen que somos unos malcriados que queremos cambiar el mundo. En definitiva es la historia de siempre: pensar que el discípulo no puede superar al maestro. No tienen en cuenta que la realidad ha cambiado.

Toca hacer las maletas y volver a casa tras 10 meses. Con un post lleno de tópicos tipo «ha sido el mejor año de mi vida» o «me llevo a personas para toda la vida» no hago justicia a la experiencia tan increible que he vivido. Creo más conveniente hacer unos agradecimientos.
El 12 de diciembre pasado, cuando el Papa inició su cuenta en Twitter, José María Mayoral, en la red social
Joven y de «consolidadas creencias religiosas», el cordobés José María Mayoral Montilla siempre había querido vivir en Roma. Él mismo se define como un «enamorado de la ciudad eterna». Por eso, aunque al principio descartó Italia para irse a un país anglosajón, «a veces, hay que escuchar lo que el corazón dicta».